miércoles, julio 27, 2005

Mercado de recién nacidos


Un hombre llegó llorando a la sala de redacción, pidió reunirse conmigo en privado y me confió su gran problema. Su esposa, enfermera de profesión fue detenida al descubrirse un grupo de funcionarios de la maternidad del hospital Santo Tomás, que alteró los registros de un parto para entregar un recién nacido a una mujer distinta a la que lo parió. En la Policía Técnica Judicial, sospechaban que el incidente no fue casual y que ahora tenían evidencias en contra de una red que suplantaba identidades para concertar adopciones expeditas, evitando trámites judiciales.
El escándalo se destapó cuando la recién parida se arrepintió de haber entregado a su hijo. Se presume que estaba inconforme con la cantidad de dinero que recibió como producto de la transacción.
Informes policiales citados en diversos medios, sugerían que el rol de la enfermera dentro de la organización, era cuidar de las mujeres durante el embarazo hasta el parto, para asegurar un producto saludable a parejas extranjeras previamente contactadas.
El esposo de la enfermera, me negó esta versión y me dijo que solo en esta ocasión su mujer intervino para evitar un aborto. La parturienta era su vecina, una joven promiscua y drogadicta.
El hombre narraba su tragedia entre reniegos y alaridos, por poco llegó al suelo sollozando de dolor, advirtiendo que su matrimonio de mas de 20 años y su familia estaban en graves circunstancias. Con todo y eso, no me sentí del todo conmovido.
Hace seis o siete años cubrí una situación similar. Era el caso de una adolescente tratando de recuperar a la hija que entregó a otra mujer en la puerta de la maternidad del Hospital de Chepo. Esta muchacha aseguraba que al principio rechazó a su niña porque era producto de la violación de su padrastro; que en una etapa de confusión aceptó que una familia extraña la alimentara y la cuidara durante los últimos meses de su embarazo. Luego la hicieron parir en un hospital alejado de la ciudad, donde la criatura fue inscrita a nombre de la mujer que cuidó de ella. Dijo que todos los detalles fueron arreglados con una doctora del hospital antes del alumbramiento.
Según la adoptante, el suyo fue un gesto noble, frente a un eventual aborto y que a diferencia de la adolescente, ella podía asegurar amor y bienestar al nuevo ser.
En ambos casos los argumentos principales de los investigados, es la buena fe y hasta el heroísmo. Pero ambos casos a la luz de la ley de Panamá pueden ser delitos. Lo mas grave es que sugieren la existencia de un mercado negro de recién nacidos, donde los traficantes de niños no siempre son villanos enmascarados. En los casos que he cubierto como periodista, los implicados son funcionarios de alto y mediano nivel, secretarias, médicos, enfermeras, trabajadores manuales y hasta gente responsable de orfanatorios.
Los clientes generalmente son parejas que incapaces de concebir, se deciden por el camino corto y luego en su defensa argumentan ignorancia de la ley. Se definen como víctimas de sistemas engorrosos, que prolongan innecesariamente los procesos de adopción y condenan a muchos niños a vivir sin padres y sin calor de familia.
Conozco la situación muy de cerca, desde que mi hermana Deyanira me dijo que se sentía madre en todos los aspectos, aunque sus dos hijas son adoptadas. Adoptarlas le resultó peor que un dolor de parto, por todas las vueltas que tuvo que dar con su esposo, el tortuguismo y la incertidumbre ante la posibilidad que una situación oscura e imprevista se presentara antes que el proceso concluyera con éxito.
De hecho, la ley contempla una serie de requisitos para que las adopciones no se conviertan en un negocio corrupto y que garantice el bienestar superior de niños y niñas. Pero la inoperancia de las instituciones y la falta de credibilidad, seduce a mucha gente al delito a cuentas del sentimiento y porque existen propósitos nobles en el medio.
Hoy 27 de julio de 2005, la prensa peruana informa el desmantelamiento de una banda de traficantes de niños en un hospital de Lima, donde una enfermera y sus cómplices les hacía creer a las madres que sus hijos habían muerto durante el parto.
Los hijos son la luz del hogar, la familia no está completa sin ellos. ¿Pero, vale la pena cometer un delito por tenerlos? Coyunturalmente me pregunto: ¿Qué pasará cuando los homosexuales reclamen ser elegibles para la adopción?
Además de las complejidades legales, existen otros aspectos preocupantes. Según me dijo la directora de una casa de huérfanos, comúnmente recibe potenciales padres adoptivos que tienen marcadas preferencias. Como quien busca variedad y ofertas en el supermercado, distinguen entre rubios, morenos y por edades. “Un huérfano de mas de 5 años está prácticamente condenado a vivir institucionalizado”, aseguró.
Es muy preocupante que muchas circunstancias amenacen una institución imprescindible y profundamente humana.

martes, julio 19, 2005

jaragual


El canto de Ismael Rivera, describe un lugar sencillo, fértil y seguro donde el hombre encuentra paz y felicidad. Es la morada de la familia, unida en las costumbres e idiosincracia de un pasado reciente. Es el aprecio y el amor a la inmensa naturaleza.
jaragual

lunes, julio 18, 2005

Responsabilidad Periodística

Decenas de mujeres le gritaban prostituta. Retrocedía con cautela ante un grupo que la maldecían, querían pegarle y estaban tan alteradas, que parecía que los ojos se les salían de las órbitas. La periodista Castalia Pascual era objeto de descontrolados reclamos. Un sacerdote animaba los insultos y hasta hacía señales obscenas con el dedo índice de su mano derecha. Perdieron el control frente las cámaras de televisión de los principales noticieros nacionales.
Ocurría en la entrada de un juzgado en Santiago de Veraguas, donde un cura católico enfrentaba la justicia, acusado de abusar sexualmente de varios estudiantes en un internado rural.
Fue una asignación que Castalia, Alexandra (ex directora de noticias) y yo ( ex jefe de asignaciones), planeamos con varias semanas de antelación. El juicio a éste cura en particular era solo una pieza, dentro de un trabajo que llamaba la atención de un conjunto de casos, en los que las víctimas son niños y adolescentes; los presuntos victimarios son sacerdotes y que ocurrieron en una misma área: Veraguas.
La periodista, reunió y presentó todos los elementos que confirmaban que existen sacerdotes que tienen problemas. Esos problemas se reflejan dramáticamente en estas comunidades, donde también han habido sacerdotes meritorios, porque han sido mucho mas que guías espirituales.
Algunos les abrieron los ojos a los campesinos para que valoraran su propia dignidad humana y para que exigieran el respeto a sus derechos frente a la codicia de los terratenientes. Introdujeron en las montañas conceptos actuales de producción, mercadeo y solidaridad a la luz del Evangelio. Muchos curas se han esforzado por llenar los vacíos a falta de médicos y educadores en las comunidades mas alejadas de los centros urbanos.
Durante el proceso de recopilación de información la periodista encontró víctimas y testigos de abusos sexuales que temían dar sus testimonios; señalamientos contra las autoridades por ser muy amplias en la aplicación de medidas preventivas y un obispado que a los ojos de los familiares de las víctimas, parecía extremadamente misericordioso, diligente y eficaz en la protección de los acusados. Estas circunstancias describen un escenario donde la justicia tiene distintos alcances, según la ocupación de la persona que la enfrente.
En este caso también nosotros trabajábamos el tema con pinzas.
Los reportajes previos a la cobertura del juicio requerían un lenguaje que no dejara margen a prejuicios y subjetividades. Nos aseguramos de administrar con sensatez la información con contenido sexual de manera que no resultara grosera, ni ofensiva a los televidentes.
Tuvimos en cuenta las sensibilidades culturales de las comunidades interioranas, considerando sus valores tradicionales y religiosos.
A pesar de todas estas consideraciones, tampoco podíamos ocultar lo obvio y menos desviarnos del centro del problema, ignorando o disfrazando conductas sexuales aberrantes, como hechos normales y aceptables, según quien las cometa.
A pesar de todos los cuidados, la reacción de los que apoyaban al sacerdote que en ese momento era juzgado, nos demostró que no había forma que la prensa finalmente no fuera señalada como enemiga de la fe. Al menos por las personas emocionalmente vinculadas.
Aunque el sacerdote resultara condenado o si se resultara cierto que un obispo lo protegió, objetivamente la condena no sería contra la Iglesia, ni contra la fe. Hablamos de personas que tienen problemas y debilidades. Ocultar esas realidades no es hacer justicia, ni puede ser un consuelo para las víctimas.
En otras ocasiones que nos interesamos por los abusos sexuales cometidos por maestros, incluyendo a un director de escuela primaria en la misma provincia de Veraguas, nadie acusó a medios o periodistas de atentar contra la educación.
En resumen, en nuestro país y en muchas otras partes del mundo el sujeto si afecta el tratamiento legal y periodístico de este tipo de asuntos, porque de hecho se envuelven dos criterios: la práctica religiosa y la cultura.
Entre los practicantes religiosos hay gente que no está dispuesta a ver, ni escuchar nada que le sea contrario. Por otra parte, los sucesos concentrados en áreas específicas corren el riesgo de generar estereotipos que los pueblos comunmente rechazan.

Imparcialidad

La periodista Magda Maxwell estaba acorralada a merced de las pedradas que le lanzaba una turba incontrolable de estudiantes, trataba de esquivar una lluvia de rocas. Pegada al celular me pedía tiempo para narrar en directo lo que estaba ocurriendo. Encontró un refugio donde las piedras reventaban a sus pies y sobre su cabeza, mientras suspiraba de alivio y con breves gritos ahogados.
Yo coordinaba su parte en el noticiero, desde la sala de controles trataba de ayudarla a definir una línea de contenido relevante, precisa y coherente, estaba asustado por ella y sorprendido por su valor. Soltó una maldición cuando una piedra le golpeó la pierna y me dijo: “...ya estoy lista”, en pocos segundos inició su descripción de los hechos en televisión nacional.
En esos días la ciudad estaba enredada y caótica. Los mediodías eran de tensión y tormento. Marchas, piquetes, fuerza policial, perdigones, balas de gomas y gases lacrimógenos. Algunas veces hubo cócteles molotov y los novedosos petardos pirotécnicos.
Llamé a Leo Alvarado para que narrara la destrucción de una estación de combustible a manos de un grupo de manifestantes que portaban identificaciones del SUNTRACS. Su celular timbró una vez y Leo respondió con una exclamación quejosa: “...me acaban de romper la cara de una pedrada.”
Durante la huelga nacional y jornadas de protestas en contra de las reformas a la Caja de Seguro Social, comúnmente en la calle muchos adversarios a las Reformas acusaban a nuestros periodistas y al medio de haberse vendido al gobierno. Por otro lado, algunos funcionarios del gobierno se quejaban de nuestros excesos en la cobertura de las protestas en todo el país y de las posiciones del denominado Frente por la Defensa de la Seguridad Social (FRENADESSO). Alguno hasta se atrevió a sugerir que nuestras decisiones podrían poner en peligro el sistema democrático.
Durante esta asignación, cada día la sala de redacción de RPC Televisión estuvo llena de anécdotas de sucesos peligrosos y dilemas. Pero sobre todo, prevalecía la convicción de una labor hecha con objetividad.
Confirmamos con testimonios reales uno de los principales enunciados de nuestro credo profesional: imparcialidad. Entendida como el deber de decir las cosas con amplitud y honestidad. Cero adjetivos. Permitiendo que los hechos hablen por si mismos, sin tratar de generar una opinión determinada en los televidentes.
Los que teníamos responsabilidad sobre los contenidos, siempre estuvimos concientes del alcance de nuestros actos y de nuestro compromiso con la verdad y solo con la verdad. Porque las causas legítimas no necesitan que la defiendan periodistas parcializados. Lo que nosotros pensemos de las reformas a la Caja de Seguro Social o sobre cualquier otro tema es irrelevante, frente a nuestro principal deber de proveer información equilibrada.
En la práctica se trata de un objetivo que no depende de fórmulas matemáticas. No basta con distribuir equitativamente el tiempo de un noticiero, ni ofrecer dos minutos de respuestas, por un minuto de críticas y acusaciones. No es suficiente, ni admisible negociar con los protagonistas de los conflictos una nota a favor, por una nota en contra. Tampoco es manipular el orden de una cadena de acontecimientos o declaraciones.
La imparcialidad trata de un principio que el periodista respeta, conciente que frente a posiciones extremadamente opuestas, no todos quedarán satisfechos y que posiblemente la aplicación de este criterio periodístico tiene su precio. Para algunos son pedradas, para otros son insultos, para otros son amenazas, algunos son coaccionados y otros quedan sin empleo.
En cualquier caso, tampoco se vale esperar halagos o recompensas. Especialmente cuando el periodista en su intimidad puede encontrar paz de conciencia, porque aunque quizás cometió errores, nunca traicionó la confianza de la gente que lo eligió para informarse.

Información. transparencia y Relaciones Públicas

Llegué al Ministerio de Economía y Finanzas de Panamá para dirigir la oficina de información, prensa y relaciones públicas después de 10 años de ejercer el periodismo en radio y televisión.
Debo confesar que hasta hace muy poco, me pareció que las oficinas de relaciones públicas, son aquellos lugares donde los periodistas envejecen, descansan y eventualmente ganan un poco mejor. Que el talento del encargado de esa oficina se medía en su capacidad de llevarse bien con todo mundo, redactar comunicados insípidos, organizar conferencias intrascendentes y fiestas opulentas. Que los “relacionistas” pueden ser como aquellos payasos, heridos por el desprecio de la trapecista, pero convencidos de su inexorable destino de hacer al público reír.

Era una percepción generalizada. Basada en la experiencia que tuve con muchos “relacionistas” desde mi condición de reportero. Porque desde ese rol, las cosas se ven de una manera muy egoísta.
Pensamos que como reportero uno soporta todo, no por estupidez, sino por sobre vivencia, por astucia. Asumimos que las sandeces de una fuente, no se comparan a la satisfacción de encontrarse cara a cara con la noticia. Por eso se soporta mucho. Desde las excusas infantiles, el ocultamiento malicioso de la información, hasta los ataques físicos y morales.

La habilidad en el “reporteo”, en gran parte depende de un prejuicio congénito: todo es mentira, nadie quiere decir toda la verdad.
Todo es mentira, especialmente cuando hay un “relacionista” presente.
En mi país, usualmente se trata de un ángel caído del cielo de los medios, que ahora opera en las oscuras sombras de una oficina gubernamental o privada. Un rinconcito donde apenas es un diablillo, un pillo diestro en la tarea de contaminar la opinión pública, sumiso y temeroso en presencia del mismísimo Satanás.

Un día, amparado en muchas excusas personales, decidí entrar en ese infiernillo y como buen escritor de historias cortas, supe encontrar los argumentos para auto convencerme que comunicar desde una oficina de relaciones públicas no es tan malo.

Estas son algunas de mis excusas:
Se puede servir al país, engrasando los engranajes de comunicación del Gobierno.
Con convicción, se pueden endosar las acciones positivas de un ministro.
Vale la pena dar la cara, cuando se es sincero.
Es un deber y moralmente válido remitir aclaraciones públicas, exigir derecho a réplica en los medios, maldecir el libertinaje, la ignorancia y la impaciencia de ciertos políticos y periodistas cuando se empeñan en mentir con inocultable saña.

Ahora que estoy aquí, pienso que puedo servir a un país manteniendo una visión objetiva de la realidad; recibiendo del funcionario jefe la dignidad, atención y respeto profesional. Se puede hacer un buen trabajo, si hay esmero en ser reconocido, no por la habilidad para mentir o para hacer al jefe inaccesible a los reporteros, sino en la medida que se le pueda orientar para hacerle destacar sus buenas intenciones, su honestidad y talento gerencial. Y por encima de él, poner en relieve las instituciones, los proyectos y las ideas que beneficien a los incontables miserables que aun esperan y merecen un trabajo decente y abnegado de parte de sus gobernantes. Ese es el tipo de cosas que con mas imaginación que esfuerzo cobran realce y perduran en el tiempo.

Las obligaciones no incluyen sumarse a las filas de aduladores que por gozar de prebendas o por temor al despido, no reparan en las mas burdas exhibiciones de servilismo. Diciendo sí, cuando se debe decir no. Guardando la sana crítica a una acción errada, en esas preciosas oportunidades que se tienen de crecer con la franqueza y la verdad.

Es gracioso encarar los reclamos de mis compañeros de la prensa, cada vez que se sienten insatisfechos. Gracioso, no es la palabra. Quizás curioso, porque a mi me tocó mas de una vez descargar mi ansiedad con ese funcionario, que se me aparece siempre fresco como una lechuga recién desgajada. Sobre todo cuando se acerca la hora de cierre, hay que editar, me quedan varias notas pendientes y aquel se niega o no tiene la información que requiero para armar mi pieza. De pronto, me resulta difícil verme a mi mismo en ambos roles y recuerdo aquello con añoranza.

Sin embargo, como reportero creo que ahora puedo hacer mejor mi trabajo, en la medida que entiendo que estoy haciendo otro tipo de periodismo, una forma de “reporteo” al por mayor. Administrando con criterios amplios abundante información vital para el país. La gran mayoría, información pública que todos los ciudadanos pueden libremente acceder, sin mas limitaciones que aquellas que impone la lógica disponibilidad del tiempo.

La información del Ministerio de Economía y Finanzas de Panamá, debe llegar a todos, periódica e ininterrumpidamente. Debe ser exacta e inequívoca. No como a veces suele pasar con los informes del Estado del Tiempo, que en la mañana pronostican un día claro, desmentido por un chaparrón; o como el horóscopo que vaticinó amor, dinero y salud, el día que finalizó en odio, quiebra y enfermedad.

Es necesario que todos los actores del mundo económico dispongan equitativamente de indicadores oficiales, de manera que sus decisiones de negocios y consumo sean racionalmente analizadas y ejecutadas.

Personalmente sostengo que la información económica oficial es a veces difícil de interpretar, pero no debe dejar de ser absolutamente confiable, especialmente para los que no son especialistas en la materia. Debe ser como al abordar un avión, donde generalmente desde sus asientos los pasajeros no ven el camino, pero saben exactamente a donde el piloto los está llevando.

En cuestión de negocios y economía, siempre habrá particulares con capacidad para contratar consultores que investiguen, analicen, informen y recomienden decisiones en base al comportamiento socio económico del país, apoyados en encuestas y recursos tecnológicos.
Pero la mayoría de la gente no dispone de esas facilidades. Allí cobra mayor vigencia la labor de la oficina de información, prensa, relaciones públicas o como quieran llamarle, en su misión de garantizar un acceso equitativo a la información.

Ciertamente, se imponen algunas restricciones naturales. Por ejemplo, el Ministerio de Economía y Finanzas en Panamá tiene por un lado, la administración tributaria entre sus atribuciones y por el otro, la administración del Estado y todo lo concerniente a la contratación de bienes y servicios. En ese contexto, puede presentarse la tentación de divulgar información legal, necesaria y estrictamente confidencial, como son las declaraciones personales de renta y el producto de las investigaciones tributarias que se realizan en la Dirección de Ingresos; los datos concernientes a actos públicos que filtrados inoportunamente pudieran beneficiar a particulares o afectar los intereses del Estado y la colectividad; los planes de inversión en la bolsa, ciertas bases de los procesos de privatización, algunas fases en las negociaciones de deuda, el programa fiscalizador de Aduanas, son algunos ejemplos en los que la información requiere ser administrada con celo. De lo contrario, una imprudencia puede interpretarse también como un acto de corrupción.

Afortunadamente para mí, en mi trabajo no tengo dificultades para manejarme según los principios que ya expuse. Es más, tengo razones para pensar que el Ministro con quien trabajo, comparte y promueve conmigo estos principios básicos. Supongo que no es el único en el gobierno que piensa así. Sin embargo, todavía no estoy convencido que todos los Directores de oficinas de información estén en la misma circunstancia que yo. Además, las mas recientes contrataciones oficiales (incluyendo la mía), sugieren que existe en el gobierno de Panamá la impresión generalizada de que los asuntos de información e imagen los puede resolver una cara de la tele. Eso obviamente, no es cierto.
Nadie debe ocultar eternamente una verdad pura, ni puede sostener para siempre un disfraz de pulcritud sobre la lacra.

Cada día que pasa descubro mas y mayores retos, desde la óptica del compromiso profesional y moral, con mi país y mi familia. En esa línea pienso que así como la objetividad y la veracidad deben ser la clave del éxito de las noticias como negocio, la transparencia y la honradez deben serlo para cualquier institución y funcionario.

Cuando las cosas no se están haciendo bien y honestamente, puede que temporalmente ayuden las triquiñuelas de un “buen relacionista”. Organizando agradables convivios, sirviendo buenos bocadillos en las conferencias de prensa, firmando un par de contratitos de publicidad entre colegas amigos, es posible extender la agonía de una imagen moribunda, pero al fin y al cabo, no creo que mismísimo mago Merlín se atreva a arriesgar su reputación.

Gracias Monseñor Altafulla

Si insistiera en hablar de violencia no haría mas que redundar en un tema que me hastía. En estos días ya parece normal que un padre mate a golpes a su recién nacida, que una esposa descuartice a su marido, que un obispo se marche de su país amenazado de muerte o que otro aparezca degollado en una sacristía.

Ahora que mataron a Monseñor Jorge Altafulla prefiero buscar consuelo en su vida, que en las razones de su muerte. Porque, en caso que la policía y los investigadores encontrasen al asesino, no creo que se encuentre explicación para que alguien acabara con una mente brillante e instruida. Será siempre inexplicable la pérdida de un buen pastor.

De Jorge Altafulla vale la pena hablar. Quiero hablar de él, porque he escuchado a gente hablar de “las extrañas circunstancias de la muerte del padre”, cuando la delincuencia y la violencia en Panamá no tienen nada de extraño.

Yo diría que la cotidiana violencia cobró la vida de un hombre poco común. Seguramente no soy el mas apropiado para decir demasiadas cosas de él. Porque él reunía muchas características que hacían difícil conocerlo completamente.

Allá en San Miguelito aprendimos a quererlo a pesar de su carácter reservado y del tono elevado de sus palabras. Una vez le escuché decir que el sentimiento es solo una parte de la dinámica del amor. Decir eso en San Miguelito tiene su mérito, especialmente por la personalidad tremendamente cálida y afectuosa que caracteriza a la gente de la parroquia. Al reparar en su vida entregada al evangelio, creo que comprendo un poco mejor lo que decía. Desde la parroquia de San Miguelito ejercía su función de Vicario de Oriente, que abarca las parroquias desde Juan Díaz, hasta Alcalde Díaz. Su nombramiento como obispo por parte del Papa Juan Pablo II reconoció su dedicación sacerdotal y sus conocimientos. Recuerdo todo el regocijo y fiesta que generó en Cristo Redentor.

Durante los años de verdadera crisis económica a finales de los 80, organizó las ollas comunes y las acciones de solidaridad con los mas pobres.

Lo recuerdo por su sinceridad al hablar. Se situó en medio de las diferencias políticas evidentes en San Miguelito, durante y después de la invasión en momentos de tensión e incomprensión. También lo escuché decir que el sacerdote no busca aplausos. Creo que a él no le hacía falta que lo aplaudieran, menos que lo adularan, porque en cada homilía, en cada celebración, demostraba una fortaleza espiritual y un conocimiento privilegiado de las enseñanzas de Jesús y de la Biblia.

Al frente del movimiento catecumenal, ejerció un liderazgo sencillo y sin pretensiones. En serio me resultó controversial. Especialmente porque crecí con la idea que la iglesia es un escalón al cielo. Me sorprendió escuchar a Monseñor Altafulla decir que desde el Catecumenado, la búsqueda de Dios es un camino hacia abajo. Que es una búsqueda en la mas hondo y profundo de nuestro interior, un encuentro crudo con todo lo que somos por dentro, todo.

No puedo ocultar mi admiración por él. Sin embargo, con todo lo que lo admiraba, hablamos poco. Un día le pregunté, porqué en su representación clásica Jesús se muestra muerto en una cruz. Me habló con paciencia del significado de la cruz y describió la muerte de Jesús como la puerta al Padre.

Dios nos bendijo a todos los que conocimos a Monseñor Altafulla, mucho o poco. La dimensión de su testimonio pastoral, de su serenidad y de su vida es superior a todas las anécdotas e intrigas que pudieran tejerse a raíz de la estupidez de un rufián. Por eso hoy que estoy tan triste, no me interesa encontrar explicación a su muerte, me consuelo en el recuerdo de sus palabras sabias, sigo buscando ese camino y esa puerta de la que me habló.
Gracias Monseñor Altafulla.