Mercado de recién nacidos

Un hombre llegó llorando a la sala de redacción, pidió reunirse conmigo en privado y me confió su gran problema. Su esposa, enfermera de profesión fue detenida al descubrirse un grupo de funcionarios de la maternidad del hospital Santo Tomás, que alteró los registros de un parto para entregar un recién nacido a una mujer distinta a la que lo parió. En la Policía Técnica Judicial, sospechaban que el incidente no fue casual y que ahora tenían evidencias en contra de una red que suplantaba identidades para concertar adopciones expeditas, evitando trámites judiciales.
El escándalo se destapó cuando la recién parida se arrepintió de haber entregado a su hijo. Se presume que estaba inconforme con la cantidad de dinero que recibió como producto de la transacción.
Informes policiales citados en diversos medios, sugerían que el rol de la enfermera dentro de la organización, era cuidar de las mujeres durante el embarazo hasta el parto, para asegurar un producto saludable a parejas extranjeras previamente contactadas.
El esposo de la enfermera, me negó esta versión y me dijo que solo en esta ocasión su mujer intervino para evitar un aborto. La parturienta era su vecina, una joven promiscua y drogadicta.
El hombre narraba su tragedia entre reniegos y alaridos, por poco llegó al suelo sollozando de dolor, advirtiendo que su matrimonio de mas de 20 años y su familia estaban en graves circunstancias. Con todo y eso, no me sentí del todo conmovido.
Hace seis o siete años cubrí una situación similar. Era el caso de una adolescente tratando de recuperar a la hija que entregó a otra mujer en la puerta de la maternidad del Hospital de Chepo. Esta muchacha aseguraba que al principio rechazó a su niña porque era producto de la violación de su padrastro; que en una etapa de confusión aceptó que una familia extraña la alimentara y la cuidara durante los últimos meses de su embarazo. Luego la hicieron parir en un hospital alejado de la ciudad, donde la criatura fue inscrita a nombre de la mujer que cuidó de ella. Dijo que todos los detalles fueron arreglados con una doctora del hospital antes del alumbramiento.
Según la adoptante, el suyo fue un gesto noble, frente a un eventual aborto y que a diferencia de la adolescente, ella podía asegurar amor y bienestar al nuevo ser.
En ambos casos los argumentos principales de los investigados, es la buena fe y hasta el heroísmo. Pero ambos casos a la luz de la ley de Panamá pueden ser delitos. Lo mas grave es que sugieren la existencia de un mercado negro de recién nacidos, donde los traficantes de niños no siempre son villanos enmascarados. En los casos que he cubierto como periodista, los implicados son funcionarios de alto y mediano nivel, secretarias, médicos, enfermeras, trabajadores manuales y hasta gente responsable de orfanatorios.
Los clientes generalmente son parejas que incapaces de concebir, se deciden por el camino corto y luego en su defensa argumentan ignorancia de la ley. Se definen como víctimas de sistemas engorrosos, que prolongan innecesariamente los procesos de adopción y condenan a muchos niños a vivir sin padres y sin calor de familia.
Conozco la situación muy de cerca, desde que mi hermana Deyanira me dijo que se sentía madre en todos los aspectos, aunque sus dos hijas son adoptadas. Adoptarlas le resultó peor que un dolor de parto, por todas las vueltas que tuvo que dar con su esposo, el tortuguismo y la incertidumbre ante la posibilidad que una situación oscura e imprevista se presentara antes que el proceso concluyera con éxito.
De hecho, la ley contempla una serie de requisitos para que las adopciones no se conviertan en un negocio corrupto y que garantice el bienestar superior de niños y niñas. Pero la inoperancia de las instituciones y la falta de credibilidad, seduce a mucha gente al delito a cuentas del sentimiento y porque existen propósitos nobles en el medio.
Hoy 27 de julio de 2005, la prensa peruana informa el desmantelamiento de una banda de traficantes de niños en un hospital de Lima, donde una enfermera y sus cómplices les hacía creer a las madres que sus hijos habían muerto durante el parto.
Los hijos son la luz del hogar, la familia no está completa sin ellos. ¿Pero, vale la pena cometer un delito por tenerlos? Coyunturalmente me pregunto: ¿Qué pasará cuando los homosexuales reclamen ser elegibles para la adopción?
Además de las complejidades legales, existen otros aspectos preocupantes. Según me dijo la directora de una casa de huérfanos, comúnmente recibe potenciales padres adoptivos que tienen marcadas preferencias. Como quien busca variedad y ofertas en el supermercado, distinguen entre rubios, morenos y por edades. “Un huérfano de mas de 5 años está prácticamente condenado a vivir institucionalizado”, aseguró.
Es muy preocupante que muchas circunstancias amenacen una institución imprescindible y profundamente humana.

