jueves, octubre 26, 2006

Carta a la Procuradora por Alianza Ciudadana por la Justicia

25 Oct 2006

Panamá, 24 de octubre de 2006.
ACPJ-0133-06


Señora
Ana Matilde Gómez
Procuradora General de la Nación
E. S. D.


Respetada Procuradora:

En las últimas semanas la sociedad panameña ha sido testigo de graves tragedias que han cobrado la vida de muchos seres humanos: 32 personas fallecidas como víctimas del denominado Síndrome de Insuficiencia Renal Aguda, ocasionado por un medicamento envenenado y 18 personas muertas calcinadas en un autobús que no reunía las condiciones para transportar con seguridad a seres humanos.

Estas tragedias no son incidentes fortuitos, sino el resultado de una actitud negligente y de descuido de aquellos que están llamados a proteger y velar por la seguridad de todos los habitantes de este país. Todo este dolor y sufrimiento de tantos panameños y panameñas, no pueden quedar impunes y por lo tanto se requiere de una investigación que descubra a los particulares responsables y a los funcionarios públicos que por negligencia e incumplimiento en el ejercicio de sus funciones permitieron que estas situaciones se dieran.

En virtud del daño causado a la comunidad, el peligro y la magnitud del problema la Alianza Ciudadana Pro Justicia considera necesario que la Procuraduría General de la Nación analice, prontamente, la designación de un Fiscal Especial para la investigación de estos hechos, de tal forma que se realice una investigación eficiente y ágil que evite que se pierdan evidencias importantes.

No queremos chivos expiatorios, sino a los verdaderos responsables. Esperamos que estas muertes no sean en vano, sino que se establezcan medidas ejemplares para que los particulares y funcionarios públicos cuya actividad están relacionadas con servicios públicos, o la producción de bienes para el consumo humano, sepan que en este país no habemos ciudadanos de segunda categoría.

Sin otro particular,

Lic. Víctor Lewis
Presidente

miércoles, octubre 25, 2006

Viva el Cristo Negro


Como todos los años me adelanté al 21 de octubre y un día antes me fui para Portobelo. Hace más de cinco años es mi cita obligada. Obligada no es la palabra, es mi cita necesaria. Me gusta y me reconforta visitar la imagen del Cristo Negro. En ningún lugar de Panamá, en ninguna otra época del año me siento tan cerca de la crema y nata del pueblo esperanzado. La primera vez que fui a la festividad del Cristo Negro fue a realizar un reportaje periodístico sobre la devoción al Santo. Trabajé durante varios días conociendo y compartiendo el sacrificio de los fieles. Tratando de entender ese acercamiento íntimo al extremo del dolor. Me encontré alrededor de mucha gente muy humilde y decente. Y otros muy humildes, pero maliciosos desde la mirada intimidante, hasta los actos. Quedé profundamente impactado en medio de aquel escenario extraño, vivo y surrealista. Muchos feligreses se arrastraban o de rodillas llegaban desde la entrada del pueblo hasta la Iglesia de San Felipe. Con las espaldas chorreadas de cera de vela derretida y las rodillas descarnadas por el pavimento. De pequeño siempre escuché que El Cristo Negro es el Santo que los delincuentes invocan para protegerse de los males propios de su entorno y de la justicia. Muchos de mis vecinos, allá donde yo me crié en San Miguelito, pagaron mandas, caminando con cruces preñadas de canyac para la venta y consumo propio, en esos tiempos en que Ismael Rivera con su sublime canto al Negro de los milagros comenzaba a ganarse un espacio casi eterno cada víspera y durante las fiestas de Portobelo.
No lo puedo explicar, porque siento tanta paz rodeado de las plegarias y ofrendas sencillas. Yo no creo que la imagen es milagrosa. Yo creo que con la imagen Cristo se hace presente en medio de su pueblo sufrido. Se vuelve a representar a sí mismo de la manera mas humilde, para enseñarnos que el camino hacia Él se hace con el alma desnuda. Lo confieso, amo al Cristo Negro. Creo que en Él se refleja la misericordia del Jesús de Nazareno.