Hasta luego buen amigo

Anoche les hablé a mis hijos sobre “Ñopo”. Su repentina muerte me recordó todo lo que representó para mi personalmente y por ende para mi familia. No necesité ser de sus más allegados amigos, para ser objeto de sus generosas atenciones. Fue la primera persona en los medios de comunicación que me hizo sentir confianza en mis capacidades y desinteresadamente abrió puertas que me ayudaron a cumplir muchas metas.
RPC Radio fue mi escuela, cuando él estaba al frente y cuando ser reportero de esa emisora representaba un status de prestigio profesional. Gracias a Dios tuve suficiente claridad para entender su inconformidad con la práctica generalizada del periodismo en Panamá, y acepté con humildad y atención las correcciones y llamados de atención que me hacía. Una vez le pregunté porqué me ayudaba. Me respondió: “porque tu escuchas”.
Les dije a mis hijos que aún cuando era yo un reportero muy humilde y novato, Fernando me motivaba y me hacía sentir como una estrella de la NBC. Me trató con dignidad en el trabajo y más allá. Cumplía mi primer año de casado, reportaba desde Chiriquí el caso Spadafora, llevaba varias semanas lejos de casa. Él me visitó personalmente e hizo que mi esposa también viniera a verme. A ambos nos ofreció una cena de aniversario a la que asistieron todos los periodistas que cubrían el juicio en David. ¡Nunca olvidaré el detalle!
La primera vez que me ofrecieron trabajo en TVN Canal 2, él dispuso mi traslado de RPC Radio a RPC Televisión. Me dijo: “tu no te vas a otra empresa, porque aquí tenemos una televisora”. Su decisión desafió otras opiniones de quienes pensaban que yo no estaba listo para el nuevo reto.
En el curso de los años me ayudó en todo lo que pudo, ya desde Washington donde él gozaba de un respeto impresionante. Gracias a sus gestiones recorrí los pasillos de la Casa Blanca y entrevisté a íntimos asesores del Presidente Clinton para asuntos latinoamericanos. También me reuní con el mítico negociador de los Tratados Torrijos - Carter, el embajador Sol Linowitz quien durante años se abstuvo de ofrecer entrevistas. Linowitz me advirtió que la única razón por la cual accedió a conversar conmigo fue porque Mr. Eleta se lo pidió. Hablamos más de una hora, en una de las entrevistas más amenas y enriquecedoras que realicé en mi vida.
Hoy más que antes pienso que Ñopo dio todo lo que Panamá le permitió darle y que su partida es demasiado prematura.
Estoy tratando de entender qué me quiso decir Dios al llevarse a Ñopo de pronto. El recuerdo de su desinteresada generosidad para conmigo es la primera respuesta que recibo. Me entristece mucho no haberle expresado mi agradecimiento por eso decidí contarle a mis hijos.
Mi esposa Yazmín, mis hijos Hazel, Gabriel y yo compartimos el dolor su familia. Dios les bendiga.
RPC Radio fue mi escuela, cuando él estaba al frente y cuando ser reportero de esa emisora representaba un status de prestigio profesional. Gracias a Dios tuve suficiente claridad para entender su inconformidad con la práctica generalizada del periodismo en Panamá, y acepté con humildad y atención las correcciones y llamados de atención que me hacía. Una vez le pregunté porqué me ayudaba. Me respondió: “porque tu escuchas”.
Les dije a mis hijos que aún cuando era yo un reportero muy humilde y novato, Fernando me motivaba y me hacía sentir como una estrella de la NBC. Me trató con dignidad en el trabajo y más allá. Cumplía mi primer año de casado, reportaba desde Chiriquí el caso Spadafora, llevaba varias semanas lejos de casa. Él me visitó personalmente e hizo que mi esposa también viniera a verme. A ambos nos ofreció una cena de aniversario a la que asistieron todos los periodistas que cubrían el juicio en David. ¡Nunca olvidaré el detalle!
La primera vez que me ofrecieron trabajo en TVN Canal 2, él dispuso mi traslado de RPC Radio a RPC Televisión. Me dijo: “tu no te vas a otra empresa, porque aquí tenemos una televisora”. Su decisión desafió otras opiniones de quienes pensaban que yo no estaba listo para el nuevo reto.
En el curso de los años me ayudó en todo lo que pudo, ya desde Washington donde él gozaba de un respeto impresionante. Gracias a sus gestiones recorrí los pasillos de la Casa Blanca y entrevisté a íntimos asesores del Presidente Clinton para asuntos latinoamericanos. También me reuní con el mítico negociador de los Tratados Torrijos - Carter, el embajador Sol Linowitz quien durante años se abstuvo de ofrecer entrevistas. Linowitz me advirtió que la única razón por la cual accedió a conversar conmigo fue porque Mr. Eleta se lo pidió. Hablamos más de una hora, en una de las entrevistas más amenas y enriquecedoras que realicé en mi vida.
Hoy más que antes pienso que Ñopo dio todo lo que Panamá le permitió darle y que su partida es demasiado prematura.
Estoy tratando de entender qué me quiso decir Dios al llevarse a Ñopo de pronto. El recuerdo de su desinteresada generosidad para conmigo es la primera respuesta que recibo. Me entristece mucho no haberle expresado mi agradecimiento por eso decidí contarle a mis hijos.
Mi esposa Yazmín, mis hijos Hazel, Gabriel y yo compartimos el dolor su familia. Dios les bendiga.


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