Responsabilidad Periodística
Decenas de mujeres le gritaban prostituta. Retrocedía con cautela ante un grupo que la maldecían, querían pegarle y estaban tan alteradas, que parecía que los ojos se les salían de las órbitas. La periodista Castalia Pascual era objeto de descontrolados reclamos. Un sacerdote animaba los insultos y hasta hacía señales obscenas con el dedo índice de su mano derecha. Perdieron el control frente las cámaras de televisión de los principales noticieros nacionales.
Ocurría en la entrada de un juzgado en Santiago de Veraguas, donde un cura católico enfrentaba la justicia, acusado de abusar sexualmente de varios estudiantes en un internado rural.
Fue una asignación que Castalia, Alexandra (ex directora de noticias) y yo ( ex jefe de asignaciones), planeamos con varias semanas de antelación. El juicio a éste cura en particular era solo una pieza, dentro de un trabajo que llamaba la atención de un conjunto de casos, en los que las víctimas son niños y adolescentes; los presuntos victimarios son sacerdotes y que ocurrieron en una misma área: Veraguas.
La periodista, reunió y presentó todos los elementos que confirmaban que existen sacerdotes que tienen problemas. Esos problemas se reflejan dramáticamente en estas comunidades, donde también han habido sacerdotes meritorios, porque han sido mucho mas que guías espirituales.
Algunos les abrieron los ojos a los campesinos para que valoraran su propia dignidad humana y para que exigieran el respeto a sus derechos frente a la codicia de los terratenientes. Introdujeron en las montañas conceptos actuales de producción, mercadeo y solidaridad a la luz del Evangelio. Muchos curas se han esforzado por llenar los vacíos a falta de médicos y educadores en las comunidades mas alejadas de los centros urbanos.
Durante el proceso de recopilación de información la periodista encontró víctimas y testigos de abusos sexuales que temían dar sus testimonios; señalamientos contra las autoridades por ser muy amplias en la aplicación de medidas preventivas y un obispado que a los ojos de los familiares de las víctimas, parecía extremadamente misericordioso, diligente y eficaz en la protección de los acusados. Estas circunstancias describen un escenario donde la justicia tiene distintos alcances, según la ocupación de la persona que la enfrente.
En este caso también nosotros trabajábamos el tema con pinzas.
Los reportajes previos a la cobertura del juicio requerían un lenguaje que no dejara margen a prejuicios y subjetividades. Nos aseguramos de administrar con sensatez la información con contenido sexual de manera que no resultara grosera, ni ofensiva a los televidentes.
Tuvimos en cuenta las sensibilidades culturales de las comunidades interioranas, considerando sus valores tradicionales y religiosos.
A pesar de todas estas consideraciones, tampoco podíamos ocultar lo obvio y menos desviarnos del centro del problema, ignorando o disfrazando conductas sexuales aberrantes, como hechos normales y aceptables, según quien las cometa.
A pesar de todos los cuidados, la reacción de los que apoyaban al sacerdote que en ese momento era juzgado, nos demostró que no había forma que la prensa finalmente no fuera señalada como enemiga de la fe. Al menos por las personas emocionalmente vinculadas.
Aunque el sacerdote resultara condenado o si se resultara cierto que un obispo lo protegió, objetivamente la condena no sería contra la Iglesia, ni contra la fe. Hablamos de personas que tienen problemas y debilidades. Ocultar esas realidades no es hacer justicia, ni puede ser un consuelo para las víctimas.
En otras ocasiones que nos interesamos por los abusos sexuales cometidos por maestros, incluyendo a un director de escuela primaria en la misma provincia de Veraguas, nadie acusó a medios o periodistas de atentar contra la educación.
En resumen, en nuestro país y en muchas otras partes del mundo el sujeto si afecta el tratamiento legal y periodístico de este tipo de asuntos, porque de hecho se envuelven dos criterios: la práctica religiosa y la cultura.
Entre los practicantes religiosos hay gente que no está dispuesta a ver, ni escuchar nada que le sea contrario. Por otra parte, los sucesos concentrados en áreas específicas corren el riesgo de generar estereotipos que los pueblos comunmente rechazan.


3 Comments:
Interesante articulo. Vi el reportane en television ese dia y me parecio aberrante el comportamiento de los lugareños. Para ellos la justicia la impartian ellos y no los jueces. Son tan fanaticos como los del Jihad Islamico (proporciones guardadas).
Gracias por incluirme en tu blog.
Ví esta información en todos los canales y fue un momento de fanatismo total.
Me pareció tan ridículo que el sacerdote en cuestión metiera al pobre Jesucristo en sus enredos, me quedé impávida cuando él hombre dijo: "Jesús y yo esperamos justicia".. que tiene que ver Jesús en esto!! NADA. Estamos hablando de abuso sexual¡¡¡¡¡ pasiones humanas y más nada.. Me pareció de un cinismo subido y que hecha por tierra todo lo bueno que pudo haber hecho en su vida.
Ví esta información en todos los canales y fue un momento de fanatismo total.
Me pareció tan ridículo que el sacerdote en cuestión metiera al pobre Jesucristo en sus enredos, me quedé impávida cuando él hombre dijo: "Jesús y yo esperamos justicia".. que tiene que ver Jesús en esto!! NADA. Estamos hablando de abuso sexual¡¡¡¡¡ pasiones humanas y más nada.. Me pareció de un cinismo subido y que hecha por tierra todo lo bueno que pudo haber hecho en su vida.
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